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Pérdida de peso

Flacidez después de adelgazar: qué se puede hacer y qué no

Es la pregunta que llega a los seis meses de haber empezado. Por qué aparece, hasta dónde llega la tecnología y en qué punto la respuesta honesta es la cirugía.

· 8 min de lectura

Flacidez después de adelgazar: qué se puede hacer y qué no

Hay una consulta que se repite con una regularidad casi matemática. Llega a los seis o siete meses de haber empezado a perder peso, cuando la ropa ya es dos tallas más pequeña y la báscula por fin marca lo que tenía que marcar. La persona se sienta y dice alguna versión de la misma frase: «he adelgazado, sí, pero ahora mírame los brazos».

Conviene decir dos cosas de entrada. La primera, que no has hecho nada mal. La segunda, que tampoco es inevitable en el grado en que suele imaginarse. Entre esas dos ideas está todo lo que se puede hacer.

Por qué la piel no acompaña

La piel no es una funda elástica que se ajuste sola a lo que hay debajo. Es un tejido vivo con una estructura de colágeno y elastina que tarda meses en reorganizarse, y que solo se retrae hasta cierto punto.

Cuando el volumen que había debajo desaparece más rápido de lo que ese tejido puede adaptarse, sobra superficie. Eso es la flacidez. Y hay cuatro factores que deciden cuánta va a aparecer:

  • Cuánto peso se ha perdido. No es lo mismo bajar ocho kilos que treinta.
  • A qué velocidad. Una pérdida muy rápida deja menos margen de adaptación.
  • La edad. A partir de los cuarenta la capacidad de retracción cae de forma notable.
  • Cuánto tiempo se ha mantenido el peso alto. Un tejido que ha estado años distendido tiene la elastina más dañada.

Hay un quinto factor que casi nadie menciona y que sí está en tu mano: cuánto músculo has conservado. Una parte importante de lo que se percibe como piel colgando es, en realidad, falta de tono debajo. De ahí que en un programa serio se mida la composición corporal y no solo el peso, y que se insista tanto con la proteína y con el trabajo de fuerza.

La pregunta que decide el tratamiento

Antes de hablar de tecnología hay que responder a una sola cosa: ¿falta firmeza o sobra piel?

Son dos escenarios distintos y confundirlos es el origen de la mayoría de las decepciones.

  • Falta firmeza. El tejido ha perdido tensión, pero la cantidad de piel es la que corresponde al cuerpo que hay ahora. Aquí la tecnología funciona: se puede retraer, densificar y estimular colágeno nuevo.
  • Sobra piel. Hay un excedente real, con pliegues que se mantienen incluso tumbada y que se pueden coger con la mano. Aquí no hay energía, hilo ni bioestimulador que lo haga desaparecer. Solo se puede reposicionar y extirpar, y eso es quirófano.

En consulta esto se explora con un pellizco y observando la zona en distintas posturas. Frente al espejo, en casa, hay un gesto que orienta: pellizca la piel del abdomen o del brazo y suéltala. Si vuelve a su sitio al instante, estás en el primer escenario. Si tarda y deja un pliegue marcado, el margen de las técnicas no quirúrgicas se estrecha.

No es un diagnóstico —para eso está la primera consulta— pero explica por qué dos personas que han perdido los mismos kilos reciben recomendaciones opuestas.

Qué se puede hacer cuando falta firmeza

Aquí hay recorrido, y bastante. Estas son las herramientas, de menor a mayor intensidad.

Radiofrecuencia

Eleva de forma controlada la temperatura de las capas profundas de la piel. Ese calor contrae las fibras de colágeno que ya existen y activa la formación de fibras nuevas. Es el primer recurso en flacidez leve o moderada de abdomen, brazos y cara interna del muslo.

No duele, no requiere recuperación y el efecto se acumula sesión a sesión. Su límite es precisamente ese: funciona por acumulación, así que una sesión suelta la semana antes de un evento no va a cambiar nada.

Bioestimuladores

Se infiltran para que sea el propio organismo el que fabrique colágeno. Su efecto no es tensor de forma inmediata: es de densidad. La piel deja de estar fina y apagada y gana grosor, que es justo lo que se pierde tras una bajada de peso importante.

Tardan entre cuatro y ocho semanas en dar la cara, y por eso conviene empezarlos antes de lo que la mayoría cree.

Endolift

Es el escalón siguiente. Una microfibra óptica del grosor de un cabello se introduce bajo la piel con anestesia local y aplica energía láser directamente sobre el tejido, sin incisiones ni puntos.

Hace tres cosas a la vez: reduce el depósito de grasa que quede en la zona, retrae el tejido de forma inmediata y activa la producción de colágeno durante los meses siguientes. Es la herramienta más potente de las no quirúrgicas y la que mejor responde en óvalo facial, papada, brazos y cara interna del muslo.

La recuperación es de veinticuatro a setenta y dos horas con hinchazón leve, y el resultado sigue mejorando hasta los tres o seis meses, mientras el colágeno nuevo se organiza.

Body Sculpt

No trata la piel: trata lo que hay debajo. Provoca contracciones musculares mucho más intensas que las voluntarias y devuelve tono a la zona. En abdomen y glúteos, recuperar volumen muscular mejora de forma indirecta el aspecto de la piel, porque vuelve a haber algo que la sostenga.

Cuándo la respuesta honesta es la cirugía

Hay casos en los que ninguna de las técnicas anteriores va a dar el resultado que la persona espera, y alargar el tratamiento no acerca a ese resultado.

Las señales son bastante claras: pliegues cutáneos que persisten tumbada, un delantal abdominal que cuelga, un exceso en la cara interna del brazo que se mueve de forma independiente. En pérdidas de treinta kilos o más, con frecuencia el excedente es real.

Decirlo forma parte del trabajo. Lo contrario —encadenar sesiones de radiofrecuencia durante dos años a alguien que necesitaba cirugía— es el patrón más caro que existe en este sector, y el que más pacientes desengañados deja.

Cuando la indicación es quirúrgica, lo que aporta una clínica médica es la orientación: qué procedimiento corresponde, qué recuperación implica y a qué cirujano acudir. Y después, el acompañamiento estético del postoperatorio.

Lo que se puede hacer antes de que aparezca

Esta es la parte útil, y la razón por la que en la primera visita se habla de flacidez cuando la persona todavía no ha perdido ni un kilo.

  • No adelgazar más rápido de lo razonable. La velocidad no es una virtud: es lo que deja al tejido sin margen para adaptarse.
  • Proteger la masa muscular. Proteína suficiente en la pauta y trabajo de fuerza. Lo que se conserva no hay que recuperarlo después.
  • Empezar la bioestimulación durante el proceso, no cuando ya ha terminado. El colágeno tarda meses en formarse: si se pone en marcha a la vez que la pérdida, llega a tiempo.
  • Hidratación y fotoprotección. Suena a consejo de folleto y sin embargo es lo que decide la calidad del tejido a medio plazo.
  • Paciencia con el calendario. La piel sigue retrayéndose durante meses después de alcanzar el peso objetivo. Valorar una cirugía a las seis semanas de terminar es precipitado; a los seis o doce meses, razonable.

Una expectativa realista

Ningún tratamiento no quirúrgico devuelve la piel de los veinte años, y quien lo prometa está vendiendo algo. Lo que sí consiguen, bien indicados y con constancia, es una mejora real de la firmeza y de la textura que en la mayoría de los casos basta para estar cómoda con el resultado del propio esfuerzo.

Y conviene no perder de vista el marco: la flacidez es la consecuencia de haber conseguido algo difícil. Es un punto de partida mejor que el que había antes.

Si estás en pleno proceso o ya lo has terminado, en la valoración médica te diremos en cuál de los dos escenarios estás y qué tiene sentido hacer en tu caso. Puedes ver también el área de firmeza y calidad de la piel y el programa de pérdida de peso completo.

Este artículo es informativo y no sustituye a una valoración médica. Si algo de lo que has leído te encaja, pide cita y lo vemos en tu caso concreto.

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